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El fantasma del terremoto que dejó 10 mil muertos en México

El recuerdo del terremoto ocurrido de 1985 en México, que causó alrededor de 10 mil muertos una fatídica mañana de septiembre, fue el principal motivo de angustia para los habitantes del Distrito Federal que vivieron anoche un nuevo sismo de 8,2 grados en la escala de Richter. Y temieron aquella devastación otra vez.

El infernal sismo, que golpeó a las 7.17 de la mañana hace 30 años, dejó además unos 5000 desaparecidos, y una profunda cicatriz en la sociedad.

Desde entonces, los mexicanos, en especial en el DF supieron que el terremoto algún día volvería. Y anoche volvió.

Mónica García Trujillo, editora de la agencia de noticias Notimex, reseñó que “el sismo en Ciudad de México fue intenso y largo”, pero que “la mayoría de las familias ya dormían, ya que se registró a las 23:49”.

“En un principio la alarma generó confusión, ya que un día antes, en la capital se alertó por error”, señaló.

La periodista destacó que “cuando el temblor comenzó a sentirse, causó el pánico usual entre muchos capitalinos que recordamos lo que nos dejó el sismo de 1985: bajar corriendo para salvaguardarse. En muchas zonas se experimentaron apagones”.

“Los recuerdos a flor de piel, la angustia crecía a medida de que el movimiento telúrico se alargaba, 10 segundos, 20, 30. casi un minuto de duración”, agregó.

“Los perros aullando, el cielo iluminado por múltiples destellos que se pudieron observar desde varios puntos. Los niños no paraban de llorar, sus madres rezando, otras alentando a guardar la calma. Pero en la memoria siempre presente que una vez que pare, habrá que revisar los daños generados. Y siempre pensando: ojalá no haya nada que lamentar! Así lo vivimos en la capital”, completó García Trujillo.

Cinthia Sánchez, periodista free-lance, comentó ante la consulta de Télam: “Hoy tengo 39 años. Hace 32 viví el terremoto de 1985. En aquel entonces, a los siete años, me resguardé junto con mi abuela y primos en el patio de mi casa. Nunca olvidaré el sonido que se desprendía de los edificios que caían alrededor y mucho menos la cara de mi abuela diciendo ‘¡Dios mío, se están cayendo los edificios!’, esa es mi relación con los temblores en la Ciudad de México”.

“Hoy tengo dos hijos, uno de tres y uno de seis. Vivo en una zona alta de la cuidad, donde en teoría se aminora el impacto, pero esta vez no fue así, 30 segundos después de sonar la alarma la sacudida fue fuerte. Estamos en un cuarto piso. Mi esposo con un niño y yo con el otro, ambos dormidos y sin darse cuenta del movimiento, pasamos el temblor, que fue largo, muy largo”, narró, con voz entrecortada.

“Regresamos a la cama con los niños dormidos y con el recuerdo de cuando lo fuimos nosotros. En las noticias dicen que es el temblor más grande de la historia. Para mí y para mi esposo, por lo menos en sensación no lo es. Hoy la ciudad está más preparada. La alarma funciona. Las estructuras son mejores y el epicentro fue 400 kilómetros más lejos que el de 1985”, finalizó.

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