Acolman, origen y tradición de las piñatas

Acolman, origen y tradición de las piñatas

Una de las costumbres más arraigadas en México, y que data desde la época de La Colonia, son las tradicionales posadas, en donde un elemento imprescindible, son las coloridas piñatas que adornan y llenan de alegría las calles durante todo el mes de diciembre.

Como parte de las celebraciones de fin de año en el Estado de México, Acolman realiza, desde hace 34 años, la tradicional Feria Internacional de la Piñata, que este año será del 19 al 22 de diciembre, y cuya expectativa es superar la derrama económica registrada en 2017, que fue de 15 millones de pesos y una afluencia de 120 mil visitantes.

Su objetivo es difundir este legado y posicionar al municipio como la cuna de esta bella tradición y como principal proveedor de piñatas a nivel nacional.

“Me gustaría invitarlos aquí a Acolman, vengan a nuestro taller de piñatas artesanales Pomposa, aquí los recibimos con todo el ánimo del mundo, y los esperamos a que visiten la Feria Internacional de la Piñata”, expresa Julián Meconetzin Rangel Sosa, joven artesano del municipio de este municipio mexiquense.

Para él, la elaboración con mano de obra artesanal y materiales como cartón, papel periódico o papel reciclado para la base, papel crepé o metálico para los picos, de china para el cuerpo de la piñata y para las mechas que cuelgan de las puntas, es parte de lo que hace especial a estas piñatas de Acolman.

“Lo que hacemos aquí en Acolman, serán piñatas, pero son piñatas muy diferentes a las que hacen en otros municipios, son piñatas con tradición, con esa magia que le gusta a los visitantes, por eso cada año se hace una Feria de las Piñatas, en honor a la artesanía y bueno, así nos damos a conocer más con la gente”, agrega Julián.

Además del deseo de conservar la tradición piñatera de este Pueblo con Encanto, esta ocupación es una de las principales fuentes de empleo de la zona.

“Para las familias que lo trabajamos resulta ser una muy buena fuente de ingresos que nos ayuda mucho en el desarrollo como familia y la verdad es que, hay pocas familias que lo trabajan aún, pero las que lo estamos trabajando, seguimos esta tradición y más que nada compartiendo con las demás comunidades, municipios o estados”.

Hoy, la tradición piñatera en este Pueblo con Encanto se ha extendido por buena parte del municipio, en el que hay más de 40 talleres de elaboración de estas piezas artesanales, que, a su vez, generan cientos de empleos para los acolmenses y para habitantes de algunas comunidades vecinas, como Santiago Tolman, en el municipio de Otumba.

Como todo buen conocedor de su oficio y tradición, Julián reseña el origen de esta añeja costumbre de hacer piñatas que se mantiene casi imperturbable, pese al transcurso de más de 480 años.

“Aquí en Acolman surgen las piñatas a raíz de las posadas, esto con previa autorización del Papa Sixto V, que le hace a Fray Diego de Soria, Fray Diego de Soria fue el pilar del Convento de San Agustín de Acolman y él tiene la tarea de evangelizar a los acolhuas, que era la comunidad indígena que estaba aquí en Acolman”, explica.

Con la llegada de los representantes de la Iglesia católica a México, a fines del primer tercio del siglo XVI, se inicia, en el Valle de Teotihuacán, la evangelización de los alcohuas, población nativa durante la época de laColonia.

Más tarde comienzan en Acolman las “Misas de aguinaldo”, en las que se rompían ollas de barro decoradas con siete picos, mismos que representan los siete pecados capitales. Este acto, simbolizaba el triunfo de la fe sobre el pecado.

“Casualmente esta tradición de romper piñatas coincidía con una tradición de los acolhuas, que igual el 25 de diciembre festejaban el nacimiento de Huitzilopochtli, y eso lo ocupó para evangelizar a los indígenas”, menciona Julián.

No pasó mucho tiempo antes de que, tanto los festejos de fin de año de la Iglesia católica, como las costumbres de la población nativa empezaran a mezclarse, lo que se reflejó en celebraciones más elaboradas y piñatas cada vez más decoradas y coloridas.

Así que si no quieren oro ni quieren plata, pero sí romper en la posada una piñata mexiquense, no duden en acudir a este Pueblo con Encanto, que además ofrece a sus visitantes atractivos culturales de gran interés.

Uno de ellos es el exconvento de San Agustín, magnífico inmueble de estilo plateresco del siglo XVI, que, después de permanecer abandonado por 148 años tras una fuerte inundación, fue rescatado y restaurado en 1920 por la Inspección General de Monumentos Artísticos e Históricos, lo que hoy permite a los paseantes y turistas admirar sus sorprendentes frescos.

Asimismo, podrán conocer el Museo del Hombre de Tepexpan, construido justo en el lugar donde se hallaron los restos óseos humanos más antiguos que se hayan encontrado en América, así como una colección paleontológica con restos óseos de animales, herramientas y utensilios de piedra.

Alejandro Romero

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