Aprender a descifrar las voces silenciosas

La identidad de la ciudad y el instante es lo que caracteriza la poesía de Michelle Sánchez, David Gómez, Víctor Román y Elvira Rico, integrantes, todos ellos, de la Academia de Creación Literaria de la sede Cuautepec de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) quienes participaron en el recital “Resplandor de la palabra”, en el cual Martín Jiménez Serrano fungió como moderador. 

Al concluir el encuentro efectuado en el Salón Filomeno Mata de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el profesor de la UACM-Cuautepec indicó que desde los primeros semestres procuran que conozcan la naturaleza de cada género y, conforme a ello, que vayan experimentando.

“También es muy importante que vayan sumando lecturas, no sólo literarias sino aquellas que llamamos exoliterarias: ciencia, filosofía, etcétera. Nos interesa, en la Academia de Creación Literaria, que se den cuenta de que lo que hacen es arte y, por lo mismo, necesitan dominar una técnica que les permita comunicar un sentimiento y una emoción desde el punto de vista estético”.   

Durante su intervención, el poeta David Gómez afirmó que él tiene un padre literario: el argentino Ernesto Sábato, quien, aunque no escribe poesía sino novela y ensayo, “en cada discurso se expresa como poeta” e incluso leyó un par de sonetos dirigidos “al amado que nos desdeña” y un par de tercetos sin título, uno de corte religioso y otro “para aquellos que se nos adelantaron en el camino”, esos que “despiertan entre el llanto y la nada, que viajan en una fría balsa”.

Michelle Sánchez, por su parte, confesó que antes de cursar la carrera de Creación Literaria en la UACM, no entendía lo que era poesía; no obstante, en la universidad comenzó a escribir. Recitó, de memoria, uno de sus poemas, “fue el primero que hice”, confesó antes de enunciar unos versos que hablan del descubrimiento del primer amor, no de ese al que se le revelan el choque de los labios y los cuerpos, sino de aquel “que aprende a descifrar las voces silenciosas”.

Víctor Román expuso que empezó a escribir poemas a los 16 años y dejó de hacerlo porque sus amigos se burlaban de él, pero al leer a los franceses Rimbaud y Baudelaire y sobre todo al mexicano Efraín Huerta, volvió a la escritura; en tanto, Elvira Rico mostró versos de una poesía que describe la fascinación que le producen temas como el mar, la muerte y la ciudad: el asfalto, los perros que se huelen el trasero, los cables que tienen como nuevos inquilinos tenis y chanclas, los rascacielos, todo visto desde la ventanilla de un autobús. 

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