Armstrong, la mentira más grande del ciclismo

De 1996, año en el que Lance Armstrong fue diagnosticado con cáncer en un testículo, al 2005, cuando ganó su séptimo Tour de Francia de manera consecutiva, la vida del ciclista originario de Austin, Texas, fue una historia perfecta como sacada de un cuento de hadas que luego se convirtió en pesadilla por las propias acciones del estadounidense.

“He superado una enfermedad, he ganado el Tour de Francia siete veces, estoy felizmente casado, tengo hijos. Es la historia perfecta, mítica… y no fue verdad”, así, con estas palabras, Lance aceptó las acusaciones de dopaje que en 2012 le imputó la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, a través de un informe en el cual lo acusaron de usar sustancias como EPO, testosterona, cortisona, hormona del crecimiento y transfusiones de sangre. Todas para mejorar su rendimiento.

“Fue un montaje profesional, un montaje muy astuto”, así fue como describió Lance la manera en la que lograron burlar por mucho tiempo los controles antidoping, ya que incluso viajaban de manera secreta y en vuelos privados a España y otros países para realizarse transfusiones de sangre, pagando por los servicios mediante cuentas ubicadas en Suiza para no ser detectado.

Así, terminó la historia perfecta y mítica de Armstrong, a quien le retiraron los siete títulos que ganó en el Tour de Francia de 1999 al 2005, años en los que reconoció haberse dopado junto a todos los integrantes de su equipo US Postal, el cual fue desaparecido en 2007, tres años antes de que iniciara la investigación de la USADA.

Armstrong, además de reconocer el dopaje, que inició a mediados de la década de los noventa, consideró que sería humanamente imposible ganar en siete ocasiones seguidas el Tour de Francia, competencia en la que participó por última vez en las ediciones del 2009 y 2010, terminando en los lugares tres y 22, respectivamente.

amanecerweb

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