Concluye primera etapa de restauración del retablo del Templo de Santa María Huiramangaro

La restauración del retablo principal del Templo de Nuestra Señora de la Asunción, en Santa María Huiramangaro, considerado uno de los de estilo plateresco más antiguos en esta entidad, concluyó en su primera etapa, con la participación de la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Los trabajos sobre este bien mueble asociado –de 7.53 metros de alto y 6.30 de ancho– se centraron en la atención del sotobanco, predela, ocho columnas, ocho trascolumnas, cuatro entrecalles, un nicho central y un entablamiento que, en conjunto, forman el primer cuerpo.

El proyecto, informó la restauradora del Centro INAH Michoacán, Laura Elena Lelo de Larrea López, se remonta a 2014, cuando fue necesario desmontar el retablo principal para atender un desplome de 30 centímetros que presentaba el muro testero del templo.

Una vez a nivel de piso, se sumaron esfuerzos entre la sociedad civil y los tres niveles de gobierno, a fin de intervenir cuatro pinturas de caballete con las representaciones de los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, cuyos daños principales eran repintes de capa pictórica, áreas con pérdida de policromía original y un barnizado antiguo que las oscurecía.

Tras finalizar la restauración de las pinturas, en diciembre de 2017, se emprendieron las acciones sobre la parte baja del retablo –sotobanco, predela y primer cuerpo–, cuyas afectaciones, no obstante que su estructura guardaba buen estado de conservación, consistían en daños causados por insectos xilófagos sobre algunas molduras, cornisas y tallas ornamentales, así como un repinte general que ocultaba su acabado original.

A inicios del siglo XX, detalla la especialista, el retablo fue pintado de blanco y dorado, y durante esta restauración se recuperó parte de la policromía y hoja de oro originales y, a su vez, en el área de la predela se sacó a la luz pinturas de los cuatro doctores de la Iglesia católica: San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio Magno y San Agustín, junto a Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura.

En la primera mitad del siglo XVI, cuando la región cercana al lago de Pátzcuaro fue evangelizada, el pueblo de Santa María Huiramangaro fue designado ‘cabeza de partido’, y tuvo bajo su cobijo a tres comunidades: San Juan Tumbio, Zirahuén y Ajuno. Al concentrar la actividad económica y religiosa, en Santa María se edificó un recinto que replicó estilos constructivos mudéjares y platerescos, importados por los franciscanos llegados a la Nueva España.

La investigación en archivo que acompaña a la restauración, revela que a finales del siglo XVII, Santa María se quedó sin ojos de agua, dando inicio a una crisis en la que muchos de sus habitantes emigraron, la cual se agravó en el siglo XVIII y causó la pérdida de su estatus de cabecera, el cual recayó en Zirahuén.

“La desgracia que ocurrió fue una fortuna, en términos de conservación, ya que al no tener recursos para renovar su ajuar religioso, los párrocos del Templo de Santa María conservaron sus ornamentos platerescos, y con ello mucha de la morfología con la que fue configurado”, explicó Laura Elena Lelo, al referir que por ello el retablo evidencia su manufactura previa al 19º Concilio Ecuménico, cónclave conocido como Concilio de Trento, por su sede en esa ciudad italiana, el cual reformó muchas devociones católicas, entre 1545 y 1563.

Una de ellas, indicó, es la que se aprecia parcialmente en el retablo, donde las cuatro pinturas de los evangelistas –tetramorfos– debieron rodear a un Cristo en Majestad –Maiestas Domini, en latín–, conjunto que en época pretridentina hacía referencia a la segunda venida de Cristo o Parusía.

“La iconografía medieval del retablo se promovió en el interior del templo, como lo demuestra la pintura al temple de siete ángeles tocando trompetas, localizada mediante calas de limpieza de repintes en el sotocoro, los cuales aluden al anuncio de la teofanía apocalíptica, doctrina evangélica promovida por los primeros franciscanos en Santa María Huiramangaro”.

Las intervenciones hechas en el Templo de Nuestra Señora de la Asunción han contado con recursos de la Secretaría de Cultura, a través del Fondo de Apoyo a Comunidades para Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos, así como de la Secretaría de Cultura de Michoacán, de la Presidencia Municipal de Pátzcuaro, de organizaciones civiles como ‘Adopta una obra de arte Michoacán’, de la propia comunidad e inmigrantes de Santa María Huiramangaro.

La segunda etapa de intervención en el retablo principal, la cual se prevé iniciar en septiembre próximo, atenderá el segundo cuerpo y el ático, además de cuatro esculturas con las representaciones de las vírgenes de la Asunción y de la Inmaculada, patrona de la comunidad, de Santa Martha y de María Magdalena.

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