Depardieu juega con su imagen pública en ‘Robuste’

El último personaje que el francés Gérard Depardieu lleva a la gran pantalla es el que más se le acerca a él. En «Robuste», que inauguró la Semana de la Crítica de Cannes, interpreta a un actor maduro, exigente y con carácter, pero también con una latente fragilidad.

La directora francesa Constance Meyer compuso su ópera prima a la medida de un intérprete con el que había trabajado ya en tres cortometrajes: «Frank-Étienne vers la béatitude» (2011), «Rhapsody» (2015) y «Belle affaire» (2018).

«Me interesó tomar la imagen que transmite como actor y hacerle ver dónde llevaba eso, pero para mí no tenía ningún interés que se interpretara a sí mismo, porque para eso habría hecho un documental, sino más bien a una especie de doble», cuenta la realizadora.

Georges (Depardieu) es una estrella de la cinematografía gala que ve sustituido a su guardaespaldas y único amigo por la joven Aïssa (Déborah Lukumuena), con la que no ha trabajado nunca. La distancia entre sus mundos se va haciendo permeable y entre los dos surge una amistad que derriba sus respectivos prejuicios.

Poco a poco la agente de seguridad, aficionada a la lucha libre, acaba haciéndole de brazo derecho: le gestiona sus reuniones, le ayuda a repasar sus guiones y a lidiar con su hijo e incluso sabe cómo calmar sus taquicardias.

Meyer, de 37 años, conoció al actor cuando ella tenía 20 y trabajaba en el teatro, pero sus caminos se cruzaron de verdad años después, cuando, siendo estudiante de la escuela de cine de la Universidad de Nueva York, escribió como proyecto de carrera su primer cortometraje pensado de nuevo en él y Depardieu lo aceptó.

«No diría que fuese valiente (pedírselo). Él me inspira, y yo me acerco a la gente que me inspira», señala la directora, que alaba del intérprete la «generosidad inmensa» con la que se entrega a los proyectos.

«Se lanza al vacío», dice de alguien tan famoso como controvertido, imputado el pasado diciembre por violaciones y agresiones sexuales tras la denuncia presentada en agosto de 2018 por una actriz, y conocido por el gran público por filmes como «Cyrano de Bergerac» (1990) o la saga de Astérix y Obélix.

El título de esta última película, que podría traducirse como Robusto en español, hace referencia a la corpulencia de los protagonistas, pero su tema central también ahonda en la fragilidad que se esconde detrás de esa aparente fortaleza.

Y en ese punto traza un nuevo paralelismo con Depardieu, de 72 años, en la vida real: «Conocemos su fuerza como actor, pero tiene también una fragilidad que acepta mostrar, y eso me parece magnífico», añade la directora.

«Su personaje es cercano a la imagen que se tiene de él, pero no es él. Hay una especie de alteridad y proximidad que me resulta bonita, porque puede hablar de él, pero al mismo tiempo es un papel», recalca Meyer.

La Semana de la Crítica es una sección paralela del Festival de Cannes dedicada al descubrimiento de nuevos talentos y en esta 60 edición, que se clausura el 15 de julio, también proyectará entre sus siete largometrajes en competición «Libertad», de la española Clara Roquet, y «Amparo», del colombiano Simón Mesa Soto.

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