Discriminación, delito grave

Hoy, queridos lectores, quiero tocar varios puntos que tienen que ver con la discriminación, ésta como un delito ya tipificado en el Código Penal Federal; delito que se repite a diario y que, este fin de semana, mucho llamó la atención el cómo, algunos medios de comunicación usan términos que pueden ser “despectivos” contra personas que, simplemente, no se lo merecen.

He de comentar que en 2017, la Cámara de Senadores aprobó por unanimidad de 74 votos, un dictamen por el que se sancionará penalmente los actos que constituyan violaciones al derecho a la igualdad y no discriminación, que tenga como motivo las creencias religiosas o las circunstancias de discapacidad de una persona.

La reforma al párrafo primero y el párrafo tercero del artículo 149 tercero del Código Penal Federal agrega al catálogo de motivaciones para las acciones constitutivas de discriminación el término «religión»; y el vocablo «discapacidades» para igualar el contenido del tipo penal con el catálogo que consagra el Artículo primero constitucional.

La sanción prevista será de uno a tres años de prisión o de 150 a 300 días de trabajo a favor de la comunidad y hasta 200 días multa, a quien por dichas razones atente contra la dignidad humana o anule o menoscabe los derechos y libertades de las personas.

Ahora bien, sepan que la discriminación es una práctica cotidiana que consiste en dar un trato desfavorable o de desprecio inmerecido a determinada persona o grupo, que a veces no percibimos, pero que en algún momento la hemos causado o recibido.

Hay grupos humanos que son víctimas de la discriminación todos los días por alguna de sus características físicas o su forma de vida. El origen étnico o nacional, el sexo, la edad, la discapacidad, condición social o económica la condición de salud, el embarazo, la lengua, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil y otras diferencias pueden ser motivo de distinción, exclusión o restricción de derechos.

Los efectos de la discriminación en la vida de las personas son negativos y tienen que ver con la pérdida de derechos y la desigualdad para acceder a ellos; lo cual puede orillar el aislamiento, a vivir violencia e incluso, en casos extremos, a perder la vida.

Luego de este preámbulo, me voy a lo que sucedió el pasado sábado durante la pelea de Andy Ruíz, sí, Andrés Ponce Ruiz Jr., boxeador mexicano.  Es ex campeón de la WBO, WBA, IBO e IBF en la categoría de peso pesado, quien venció a Anthony Joshua por vía nocaut quien defendía el título. El sábado, durante la revancha entre ambos el pasado  Joshua recuperó los títulos por decisión unánime venciendo con contundencia a Andy.

El tema no es ese, sino la forma de expresarse de este boxeador, a quien no bajaron “de el gordito”. Al que la gente criticaba como “bola de grasa que no podía moverse”, a quien los medios durante la narración de la pelea, insisto, no lo llamaron por su nombre sino como “el gordito Ruiz” y otros tantos sobre nombres que definían su elevado peso corporal.

Un hecho indignante, toda vez que se notó la falta de respeto de locutores y público en general, como si éste fuera “un bicho raro”. Sin embargo, ese peleador es un ser humano que ha luchado por alcanzar lo que ahora tiene. Se sabe que este joven es de origen muy humilde, sin embargo su preparación la inició desde muy joven y tuvo muchos logros, pero ello no significa que tengan que insultarle o verle como “un bicho raro”. Este sin lugar a dudas, ha sido un caso muy notorio de discriminación ¿y? nadie hizo nada al respecto.

Muchas veces nos equivocamos al pensar que “esos sobrenombres” les gustan a las personas. Puede ser que quienes los reciben, por agobio los acepten, en un afán de “encajar” en grupos sociales, pero no quiere decir que sean agradables.

Otro caso muy notorio de discriminación sin lugar a dudas el de Yalitza Aparicio, una mujer de 25 años de origen indígena de la etnia mixteca, humilde cuya madre fue una trabajadora doméstica y que, gracias a Alfonso Cuarón cambió por completo su vida, al grado de convertirse en la primera mujer indígena y la segunda mujer mexicana en ser nominada como mejor actriz al premio Óscar después de Salma Hayek.

Ese hecho, por supuesto que no cayó nada bien a todas aquellas que se sienten o creen que son “primeras actrices o primeros actores”, pues resulta que también los que se dicen “caballeros”, dándose a la tarea de humillar a esta mujer que debe ser ejemplo de superación. Yalitza, por lo menos, ya aprendió a hablar inglés, hoy estudia francés, lo cual insisto debe ser considerado como un gran triunfo cuando, desgraciadamente, ya tuvimos un gobernante que ¡ni el español dominaba!, la lectura mucho menos, y ¡fue Presidente de México!

En fin, no solo se trata de hablar “de las o los grandes”, los conocidos, no, se trata de hablar de toda esa gente que es víctima de discriminación. Indigentes, discapacitados, morenos, homosexuales, gorditos, chaparritos o demasiado altos. Los que no saben hablar o los que hablan de más. Mujeres embarazadas, éstas que muy comúnmente son hechas a un lado en oficinas gubernamentales.

Igual a los que han caído en desgracia son víctimas de discriminación; hoy tienen, mañana no, y eso es motivo para “algunos” para señalar a los demás. Los valores sin lugar a dudas se han perdido, pero lo más triste de todo es que los que nos dedicamos a esta tarea de informar, también cometamos esos errores.

Hoy  por hoy, la discriminación es un delito, sobre todo contra las mujeres, y más aún, cuando estos hechos se suscitan en oficinas gubernamentales, por lo que es urgente concientizar a la sociedad en general, pero sobre todo a los niños, niñas y adolescentes, a que no deben ser discriminatorios con quienes son a “simple vista” diferentes.

Por el contrario, es a esas personas a las que se debe tender la mano y no porque sean gorditos, morenitos y chaparritos, tienen por qué valer menos que cualquier otro ser humano. Fue,  honestamente, muy lamentable el ver y escuchar cómo, a un boxeador que se ha ganado el respeto por su esfuerzo, no lo bajaran “del gordito del box”.

Definitivamente “no son clases de moral”, solo se trata de evitar que sigamos hablando mal de la gente que, definitivamente, ¡no se lo merece!…

amanecerweb

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