El callejón de los libros

Esta calle es un espacio en donde además de encontrar libros antiguos, actuales, raros o comunes, tendrás un acercamiento con su contenido a través de sus vendedores, quienes ofrecen un contacto más cálido que el existente, por ejemplo, en alguna gran librería comercial.

Este lugar no tiene nada parecido a un callejón como uno se podría imaginar, pues es un sitio público transformado por la literatura, llamado por los propios comerciantes como el «Paseo cultural» que fomenta la lectura.

Dicho por los propios libreros que día a día trabajan en tal zona ubicada entre el Palacio de Minería y el Palacio Postal, este callejón de libros brinda una atención más personalizada, con precios accesibles, y para ellos representa su vida misma.

Dentro del largo pasillo que conforma a dicho «Paseo cultural», se encuentra el librero Jesús Jiménez Estrada, mejor conocido como «Jiménez», quien ofrece libros especiales y distintos, pues sus portadas las transforma con base en el  contenido hallado en el interior del texto, a través de formas y dibujos que él imagina.

El oficio de librero a Jesús Jiménez le fue legado a través de su padre, quien era empleado en una librería ubicada entre las calles de Palma y Donceles en el Centro Histórico de la Ciudad de México; asimismo, su progenitor fue especialista en libros de derecho, y tiempo después abrió su propio negocio en el mundo libresco.

Transformar las portadas de los libros le nació como inquietud artística a la edad de 14 años, cuando uno de sus tíos le regaló un ejemplar que sólo tenía texto; “entonces empecé a hacer dibujos e iluminarlos: los fui pegando en el libro, hoja por hoja, lo empasté con una jerga, y cuando lo terminé, llegó un señor preguntándome si lo vendía, yo le dije que sí y me pagó 700 pesos por él».

Fue así como empezó su afición por modificar los libros que hoy vende. “Hice el segundo y dije ‘lo haré más horrible para que nadie se lo lleve’, y bueno, que se lo vuelven a llevar… Actualmente sigo con dicha labor, llevo más de 40 años haciéndolo. He hecho la Biblia satánica y Los rituales, Las clavículas y muchos más. Tengo fotos de 200 libros, pero he realizado muchos más”.

«Les pongo figuras raras, todos los quieren tocar, palpar, y preguntan de qué son y se enojan cuando les contesto que son de papel y cartón; me dicen «grosero», pero les replico que debieron haber preguntado: ‘este libro tan horrible de qué trata’, y pues ya les empiezo a platicar sobre él».

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