El poder transformador del arte

Federico Uribe es un artista plástico nacido en Bogotá, Colombia, quien desde muy joven dejó su país. Se inició en la pintura, aunque tiempo después la dejó. “Yo creo que hay gente virtuosa, como ciertos niños, quienes a los cinco años tocan sin que nadie les enseñe; para ser un buen pintor se debe ser virtuoso, y yo no lo era”, confiesa.

A decir del propio Uribe, una de sus principales virtudes es la disciplina, y fue así como alcanzó cierto nivel en sus pinturas, “como cuando tocas el piano: puedes llegar a tocar bien si lo practicas mucho”; sin embargo, se dio cuenta que la pintura “era un oficio muy difícil”, y fue entonces que decidió expresarse por medio de otros canales.

Durante su estancia en México se sintió encantado por toda su estética, “había una belleza que no había visto en otros lugares, no hay manera de evitar la tradición mexicana, me encantó muchísimo”, dice, al mencionar que fue en los mercados donde halló los mejores atractivos, desde los colores hasta «las pirámides” formando las frutas en los puestos.

A pesar de ser el artífice de una obra que no gira alrededor de un solo tema, la violencia, directa o indirectamente, ha sido un tópico siempre presente en su trabajo.

—¿Qué tanto ha permeado el tema de la violencia en su obra?

—Obviamente mucho, todos los colombianos que conozco hemos tenido algún pariente o algún amigo asesinado; todos, sin excepción. Entonces la violencia, la muerte y el riesgo de la vida es una reflexión en mi obra, no puedes evadir esa realidad.

Viajando por todo el mundo, Uribe ha podido reconocer una visión diferente de la violencia en cada sitio que ha visitado. “En Colombia y México es parte de la cotidianidad, mientras que en Estados Unidos las armas están más relacionadas con la caza deportiva; hay cazadores que compran mi trabajo, me mandan fotos de sus trofeos”, refiere acerca de la manera en la cual significan la violencia en aquella nación.

“En Colombia no es así, es otra visión; pueden ver un paisaje con balas, pero la gente ha caminado sobre ellas… son personas más vulnerables con la muerte, viven en un temor constante”, agrega al reflexionar sobre el recibimiento que su arte ha tenido en su país natal.

Dentro de su quehacer hay esculturas realizadas exclusivamente con balas, en donde resalta su serie “Quedamos en paz”, que incluye tanto paisajes como animales hechos con base en cartuchos. “Trabajar con balas está relacionado con toda esta violencia que vivimos, es un planteamiento sobre la muerte en los procesos. Eso es de lo que habla mi trabajo”, expresa.       Sin embargo, Federico Uribe no quiere ser malinterpretado y dibuja una línea muy clara entre su labor artística y lo que podría entenderse como una consigna en su obra.

—Mi trabajo tiene que ver con la belleza; mi intención se relaciona con la necesidad de comunicarse con otros; no es una cosa ideológica, quiero conmover a los demás con un trabajo impecable, a través de las imágenes. No tengo ninguna ideología que busque convencer a los demás. No creo en el arte militante en ningún sentido, prefiero conmover, de eso se trata.

Para el artista colombiano “el arte no tiene ningún peso para cambiar la realidad política”; considera que la función del creador, como se considera a sí mismo, “es ofrecer una experiencia que permita a los demás percibir su realidad de otra manera. Con mi trabajo de las balas invito a que la gente se acerque a la violencia de una manera diferente”.

amanecerweb

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