El teatro siempre necesita un reto: Juan Meliá

Mañana inicia la vigesimoséptima edición del Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU) de la UNAM. Por tal motivo, Juan Meliá Huerta, director de Teatro UNAM, concede una entrevista para hablar del FITU 2020, del teatro actual en la Universidad y en México, y de sus percepciones acerca de esta arte escénica.

—¿Qué representa el teatro en el siglo XXI? ¿Por qué hacer teatro?

—Pregunta difícil para iniciar, pero buena pregunta. Como es una bastante personal, tendría que empezar diciendo qué significa para mí el arte y la cultura y qué representa el teatro. Yo no sé vivir de otra manera que no sea ligado al teatro y la cultura. Ayudando a que exista, a que se presente…

Es mi vida y no la vería de otra manera. Todo aquello que necesite ser gritado, expresado, presentado y pensado, requiere de una salida. Y eso pasa en otras disciplinas también, pero en el arte y la cultura tiene siempre una forma de imagen o de representación. Con relación a la disciplina teatral, es importante porque pasa exactamente lo mismo que está sucediendo entre tú y yo: dos personas que representan o presentan algo que consideran que es importante que se escuche.

Creo que en ese sentido el teatro nos sigue posibilitando que, de manera presencial, eso suceda. Esa transferencia de razones de ser, de ganas de contar algo, decirte algo al oído, enseñarte una foto y mostrarte un video al mismo tiempo, de contar una historia del siglo pasado o de hace tres siglos. Esa situación que te permite el teatro es encantadora y necesaria al mismo tiempo.

—¿Qué es lo que hace destacar al teatro de entre las múltiples disciplinas artísticas?

—Tendría dos maneras de contestarte. La primera tiene que ver con la actoralidad y la segunda con el texto. Son dos cosas fundamentales. Con actoralidad no me refiero a la presencia física en cuanto a que debe ser en vivo únicamente. Es, más bien, la presencia pensada de la persona.

Por otro lado, cuando hablo del texto no me refiero solamente al escrito de manera tradicional sino que hay necesariamente algo que requiera ser presentado y dicho.

Y esa batalla interna, que bebe de muchas otras disciplinas como lo visual y lo narrativo, tiene un choque de valores dentro de lo escénico que hace que uno quiera ser parte de ello. Ya sea como alguien que lo posibilita o como alguien que lo observa. Esa es la gran diferencia.

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