Jimi Hendrix: 50 años de la muerte de un revolucionario

Poco antes de morir, Jimi Hendrix (1942-1970) declaraba: “En el momento en el que sienta que no tengo más que ofrecer musicalmente, no me encontrarán en este planeta (…) No estoy seguro de llegar a los 28 años, pero ¿y qué?, me han pasado muchísimas cosas maravillosas en los últimos tres años. El mundo no me debe nada”.

Hemos de ser agradecidos porque le debemos mucho al músico que, con solo cuatro discos, más múltiples ediciones póstumas y miles de grabaciones piratas, cambió la concepción de lo que podía lograrse con una guitarra.

Mucho se esperaba todavía de Hendrix, un revolucionario de la música, pero murió en Londres a los 27 años, el 18 de septiembre de 1970, en circunstancias que han dado lugar a teorías de lo más descabelladas. El dictamen oficial: ahogado en su vómito, causado por ingestión de somníferos y alcohol.

Rechazado por su padre, encontró en la música el antídoto contra la pobreza y el maltrato familiar. Dejó su natal Seattle para buscar fortuna en Nueva York. Conoció a Bob Dylan, quien lo inspiró a escribir sus propias canciones, y más tarde a Chas Chandler, quien lo llevó a Inglaterra e impulsó su carrera con The Jimi Hendrix Experience, que incluía a Noel Redding en el bajo y Mitch Mitchell en la batería.

Con este trío grabó Are You Experienced? (1967), Axis Bold As Love (1967) y Electric Ladyland (1968). Luego conformó Band of Gypsies con Billy Cox en el bajo y Buddy Miles en la batería, con quienes registró el álbum en vivo Band of Gypsies (1970).

En Londres se convirtió en una estrella de rock que tocaba cosas sorprendentes, además de que ofrecía un grandioso espectáculo al llevarse la guitarra a la espalda, tocarla con los dientes, recurrir al feedback y a la distorsión para crear un sonido hipnótico. Incluso llegó a incendiarla, literal y metafóricamente.

Además lo logró en una generación de guitarristas de primera línea, como  Eric Clapton, Jeff Beck y Pete Townshend. Pero, como advirtió Alexis Korner al presentar un concierto de Hendrix en la BBC: “Van a escuchar sonidos que nunca antes han escuchado”.

Considerado el dios de la guitarra, Clapton aceptó la superioridad del guitarrista cuando tocaron juntos: “Todos estaban atónitos. Claramente vi que se iba a convertir en una gran estrella. Mientras nosotros estábamos encontrando nuestra propia velocidad, él ya era la neta”. Jack Bruce, su compañero en el trío Cream, advirtió: “Jimi era una especie de fuerza de la naturaleza”.

A Hendrix las categorías le molestaban, no le gustaba el término rock psicodélico. Explicaba que su estilo era “mezcla de rock, blues y jazz, una música que se está creando, una música del futuro”. Prefería el término “música de sensaciones libres”.

En sus discos se advierte que evolucionaba y buscaba seguir adelante: “Ya no quiero ser un payaso. Por eso ahora tocamos más y nos movemos menos. Últimamente no hemos prendido fuego a ninguna guitarra”, dijo en una declaración recogida en el libro Jimi Hendrix. Empezar de cero (Sexto Piso, 2013), que a modo de autobiografía recupera entrevistas con el músico con una rigurosa selección de Peter Neal.

El libro cierra con sus reflexiones en torno a la muerte: “Hay que morirse para que piensen que vales algo”, para concluir con un consejo que seguirán tomando en cuenta generaciones futuras: “Cuando muera, solo sigan escuchando mis discos”.

Para Mitch Mitchell, su amigo y compañero en The Jimi Hendrix Experience, el guitarrista “no era solo un artista de los 60, ni siquiera en el sentido más general. Ciertamente no puede ser ligado a ninguno de los movimientos musicales de los sesenta: el revival del blues, el rock ácido, el heavy metal o cualquier otro. Allí radica su cualidad inmortal: su música, como el hombre mismo, pertenecía a cualquier lugar, a cualquier tiempo, y existen muy pocos y valiosos artistas de los que se puede decir eso”.

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