Joaquín Sabina, más desnudo que nunca

Sabina es un cantautor multidimensional, que no teme desnudar el alma y pensamiento en sus canciones, pero que guarda secretos en los rincones de su historia, que refleja mucho de la España que resurgió al mundo luego del periodo franquista.

El documental Pongamos que hablo de Sabina, dirigido por Alberto del Pozo, que estrenó su primera parte el pasado 24 de mayo, disecciona al cantautor en tres ejes, capítulos de media hora, donde reconocemos los “Pecados”, “Amores” y “Pasiones” del originario de Úbeda.

En entrevista telefónica desde Madrid, Alberto del Pozo contó a Notimex las vicisitudes del retrato al desnudo de Joaquín Sabina que representa el documental: “Me pareció muy interesante la vida de Joaquín, una figura que lleva más de 40 años en la música y que ha sabido reinventarse y atrapar lo mismo a gente de más de 40 años que a la gente que apenas lo descubre”.

Del Pozo refiere que la idea era hacer un documental diferente a lo que se hace normalmente en un biopic, que va más allá de la narración lineal. “Me pareció más interesante dividir el documental en tres temas. En Pongamos que hablo de sus pecados, el primer capítulo, hablamos, entre otras cosas, de todo lo que Joaquín ha bebido, de todo lo que se ha metido, de todo lo que ha disfrutado de la vida, el aroma más canalla de Joaquín”, refiere el director.

“En el segundo, Pongamos que hablo de sus amores, contamos la historia de un hombre que ha amado mucho y que ha vivido muy intensamente sus amores; y el tercero, Pongamos que hablo de sus pasiones retrata a un fanático del Atlético de Madrid, que le encanta la política, se ha metido mucho en la política, le encanta la televisión, todo tipo de televisión, lo mismo los realities, que los programas de esoterismo”.

El director destaca que en cada fragmento del documental, hay revelaciones, material inédito, cosas que no se han contado nunca. Y detalla, por ejemplo: “Por primera vez se pone delante de una cámara de televisión, Cristina Zubillaga, la mujer de la que Joaquín escribió la canción ’19 días y 500 noches’. Por primera vez conocemos la otra parte de la historia”.

Otro detalle curioso del serial, describe Del Pozo, “es que hicimos un documental de Sabina, sin Sabina. Que más que ser un aspecto negativo, es un acierto del documental, porque Joaquín ha hablado mucho. Delante de una cámara no se calla, habla y cuenta; y habla sin tapujos de todo; entonces, es interesante contar la vida se Sabina a través de la gente que ha estado cerca de él, y que no siempre ha contado”.

Y el director esboza un sonrisa cuando refiere: “me encantaría estar presente cuando Joaquín pueda ver el documental, porque estoy convencido de que vamos a recordarle cosas que ni el mismo se acordaba”.

Comenta Del Pozo que Sabina sabe que se ha hecho el documental: “le hemos enviado algunas cositas, por ejemplo, hemos reunido por primera vez, después de más de 50 años, al primer grupo de música de Joaquín Sabina. Los cuatro componentes eran de Úbeda, que nunca se habían reunido después de que cada uno hiciera su vida. Lo grabamos para la serie y se lo mandamos. Me consta que ha visto y se ha emocionado mucho”.

En el documental hay un desfile de amigos y gente cercana a Sabina, que va desde personajes de la época de exiliado en Londres, durante el franquismo, como Isabelo Garrido, “un gran amigo de Joaquín, que nos presentó una canción grabada en Londres que nunca se ha editado. Me sentí como un pirata que descubre un tesoro», revela Del Pozo.

Y desvela el realizador un denominador común que todos los entrevistados han contado acerca del autor de Quién me ha robado el mes de abril, es su generosidad. “Eso lo han contando gente que lo conoció cuando era un chaval en Úbeda, hasta los artistas más importantes. Un episodio muy sonado en Madrid, en los años 80, refiere que muchos amigos de Joaquín tenían llaves de su casa. Llegaba ahí la gente y era una fiesta continua. Y había veces en las que él participaba y otras en las que, estaba en su cuarto, mientras abajo había una fiesta montada con gente que a lo mejor él ni conocía”.

En Pongamos que hablo de Sabina se cruzan los más disímbolos personajes, desde Ana Belén, que revela a un Sabina por demás transgresor, hasta Almudena Grandes, que cuenta los miedos y depresiones del cantante; o la propia Cristina Zubillaga, que vivió con él en una época muy importante y que ha estado presente en la vida de Sabina más allá su relación sentimental y todas las canciones que le dedicó.

Un eje relevante que se nota en todo el trabajo de Del Pozo, es que a través de la vida de Joaquín Sabina, se transparenta una parte de la historia de la propia España. “Para mi esto era muy importante”, dice, al revelar a través de las canciones de Sabina» se va contando el momento histórico en el que las escribió.

“Pero lo más importante es que quien vea el documental, lo disfrute, conozca o no las canciones de Sabina y pueda entender la dimensión tan importante que tiene Joaquín en la música. Y para eso habría que contar lo que pasaba en España en aquella época. El paralelismo de lo que sucede en España con la música de Sabina. La muerte del dictador (Francisco Franco), marca un punto de inflexión en España y eso se transmite en las canciones de Sabina.

“La propia evolución de Joaquín, que al principio estaba muy cerca del Partido Comunista, pero luego apoya al Partido Socialista, y en los últimos años le produce simpatía otros partidos, como Podemos, que tiene una nueva oleada de políticos; pero también, siendo muy rojo y muy de izquierda, mantiene relación con gente de derecha; esa dimensión de Joaquín me parece muy importante”.

El documental, conducido por Iñaki López, es de las primeras transmisiones de ATRESplayer, una nueva plataforma de contenidos, que se inaugura con esta visión total de la vida de uno de los compositores más importantes de habla hispana.

amanecerweb

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