La maldición de las ‘boy bands’

En los años ochenta y noventa las boy bands en español estaban en las nubes. Sus integrantes eran admirados y envidiados a partes iguales. Lo tenían todo: éxito, dinero y viajes por el mundo. Pero con el paso de los años y los cambios en la industria musical, la mayoría de aquellos muchachos han tenido dificultades para sostener el modo de vida que alguna vez gozaron, y lo que es más, algunos han padecido crisis y tragedias personales que nos pueden hacer hablar ya de una especie de maldición.

En días recientes se supo que Anthony Galindo, exintegrante de MDO, intentó suicidarse. Aquejado por una depresión empeorada aparentemente por el aislamiento y el alejamiento de los escenarios, el showman venezolano apostó por quitarse la vida, y aunque no lo consiguió, quedó en estado delicado.

No es un caso aislado. Este mismo mes el medio artístico quedó impactado por el suicidio de Xavier Ortiz, quien fuera famoso por ser parte de Garibaldi, la banda que hace décadas deleitó al darle modernidad al sonido típico mexicano. Aunque en un principio hubo especulaciones y dudas sobre la causa de la muerte, Olga Ortiz, la hermana de Xavier aclaró la tragedia por medio de Twitter:

«[::.] Muy a mi pesar te digo que se suicidó, estamos en shock sabíamos que estaba muy deprimido por el aislamiento, la falta de ingresos y una separación muy tormentosa apenas acababa de vender su casa y tenía dinero estamos tan sorprendidos voy rumbo a Guadalajara», dijo Olga Ortiz a otra usuaria de la plataforma.

Otra tragedia impactante fue la de Fabio Melanitto, integrante de UFF, banda venezolana que labró su carrera en México, quien fue asesinado a sangre fría en 2018 a las afueras de su casa en la CDMX. En un principio se creyó que aquello había sido consecuencia de un asalto, pero desde entonces han surgido versiones que apuntan a la variable de una “deuda” y hasta un asunto de tipo pasional. Las autoridades no han resuelto el crimen hasta la fecha.

Las penurias llegan también a las afectaciones físicas. Un caso célebre fue el de Ricardo Abarca, integrante de MC5, proyecto heredero de Magneto, quien perdió cuatro dedos luego de alzar los brazos y pegar con las hélices mientras salía de un helicóptero aún en marcha durante una gira por Centroamérica. El traumático suceso lo marcó y le llevó a usar un guante por la aflicción que aquello le causó a nivel psicológico, aunque por fortuna para él los médicos pudieron recomponer sus extremidades luego de un prolongado tratamiento. En la actualidad tiene una carrera irregular dentro del mundo del cine y se encuentra casado con la actriz colombiana Diana Neira.

Más fuerte aún fue lo que pasó con Tino, integrante de Parchís, un grupo español muy querido por el público mexicano y latinoamericano en los años ochenta. Tino era el líder de la banda y el hecho de que perdiera un brazo durante un accidente automovilístico en 1998 causó conmoción entre todos, convirtiéndose en uno de los episodios que marcó a la farándula en su momento, aunque ya para entonces su fama había declinado y Parchís ya no existía más.

Años antes, un acontecimiento marcó al público nacional, poniendo el dedo en la llaga sobre los riesgos detrás del performance artístico. Se trató de otra muerte, esta vez de Édgar Ponce, quien a diferencia de los casos anteriores, murió mientras desarrollaba su trabajo.

amanecerweb

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