La naturaleza y el sol nacieron para todos: Raúl Serrano

 A las afueras de Ciudad Universitaria, en el Paseo de las Facultades, zona reconocida en la colonia Copilco donde se pueden apreciar a estudiantes con prisa, algunos más calmos, y otros con una extensa sonrisa en el rostro después de recibir su tesis impresa, se encuentra una librería de viejo que lleva el nombre de El barco de papel. El dueño y fundador Raúl Serrano se siente grato por el día en que, por meros azares del destino, se incursionó en el oficio al que acabaría dedicando su vida.

«Todo comenzó cuando empecé a vender mis libros personales. No tenía trabajo. Recién había quebrado un negocio y, sin que menos me diera cuenta, empecé a dedicarme a esto de lleno. Comprar y vender libros por todos lados. Nunca tuve el sueño de hacerlo, pero así es esto», compartió Serrano, seguido de recordar que en un principio tenía la idea de hacer ropa casual para mujer, y para lograr recolectar el dinero que daría vida al proyecto comenzó con el negocio librero.

«Mi anhelo, mi ilusión, era juntar dinero para unos rollos de tela y volver a dedicarme a la manufactura, pero conforme fue pasando el tiempo me di cuenta que ya estaba demasiado metido con los libros. Me fascinó y decidí nunca más volver a lo otro. Me siento como pez en el agua con lo que hago ahora. No me arrepiento para nada, le doy gracias al azar o a Dios, si quieres llamarlo de alguna manera». 

—Siendo alguien que se dedica a este negocio, ¿es usted un asiduo lector?

—En mis tiempos mozos, de juventud, sí, como cualquier joven que tiene ilusiones y metas. Leí lo que tenía a la mano como buen estudiante de filosofía de la UNAM. No creas que soy un erudito, pero considero que sé lo básico, lo elemental.

Para Serrano, la gran diferencia entre El barco de papel y las grandes empresas libreras reside en el impacto que tienen las modestas librerías, como la suya, en la cultura:

—Todos los que nos dedicamos al libro usado hacemos la titánica labor de rescatar. Si te das cuenta, la mayoría de las librerías de libros nuevos ni siquiera llegan a las colonias populares. Si uno busca, nunca encontrará Sótanos en Chalco, Ecatepec o Tultitlán. Quizá habrá en los centros comerciales, pero yo considero que la venta de libros nuevos es elitista. Por ese lado, los que nos dedicamos al libro usado somos los encargados de acercar el libro un gran público, a uno popular.

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