Liniers, un caricaturista optimista

Liniers, un caricaturista optimista

Ante un público afectuoso lleno de jóvenes entusiastas que lo recibieron con aplausos y gritos, el argentino Ricardo Siri Liniers, creador de personajes como «Enriqueta», «Olga» y «Madariaga», esta mañana recibió el Homenaje de Caricatura La Catrina en el auditorio Juan Rulfo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Liniers aconsejó a quienes buscan dedicarse a lo mismo que él: “Número uno: tengan suerte. Dos: como los caricaturistas no vivimos en el mundo real, yo me casé con una abogada (con la que creó la editorial Común). Y tres: como me casé con una abogada, no me puedo divorciar”, tras lo cual agradeció el premio a su esposa, hijas y a todos en la FIL.

Tras una introducción a su trabajo por parte del presidente de la Feria, Raúl Padilla y el rector del Centro Universitario de Artes, Arquitectura y Diseño (CUAAD), Francisco Madariaga, se proyectó una video semblanza con su acercamiento a la historieta, ya que aprendió a leer con Mafalda, creció con revistas como Heavy Metal, Tintín, Ásterix, Condorito; y sus influencias son Quino, Calvin & Hobbes, El Eternauta, Monty Python, Les Luthiers, Woody Allen, Bob Dylan.

“No saben lo peligroso que es levantarle el ego a un argentino”, bromeó Liniers, quien como respuesta obtuvo una muestra de títeres de sus personajes que levantaron algunos estudiantes del CUAAD como “Felini”, “Olga” y “Macanudo”, lo cual le sorprendió y para seguir en su línea cómica indicó que debería contactar a su abogado, ya que nadie le había avisado.

Recordó su acercamiento a la obra de Guadalupe Posada, que “como buen argentino, pensaba que era una señora” en un libro; sin embargo, años después en el museo del grabador en Aguascalientes, admitió que “le robó” sus calaveras, gracias a las cuales creó «La Guadalupe», parte del universo de su Macanudo, surgido en 2002, en medio de una crisis económica en su Argentina donde las noticias eran negativas.

No obstante, se dio cuenta de que podría haber un rectángulo pequeño al final del periódico, “en donde alguien podía ser optimista” y su esfuerzo “es encontrar en lo chiquito lo positivo”, por lo cual consideró que “todas las marchas vistas ahora son un gesto de optimismo que significa lo siguiente: la gente sabe que las cosas pueden cambiar” y tras unos segundos de reflexión, indicó: “¡Se murió el optimista!, eso es lo que quiero que diga mi tumba”.

Alejandro Romero

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