Literatura mexicana de Cananas y 30-30

Literatura mexicana de Cananas y 30-30

La literatura, más precisamente la novela, de la Revolución Mexicana, es ampliamente reconocida a nivel nacional por sus aportaciones a las letras, por sus temáticas y estilos, pero también tiene repercusión en el plano internacional, sobre todo en términos de estudios sobre este movimiento que ha dado autores de la talla de Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán y que algunos han extendido hasta Carlos Fuentes y Jorge Ibargüengoitia, incluso más allá, o más acá, como se prefiera ver.

A este movimiento se le suele ubicar generalmente en tres etapas, la primera corresponde a aquellas obras escritas durante el movimiento armado que inició en 1910 y finalizó formalmente en 1917, con la promulgación de la nueva Constitución Política de los Estados Mexicanos.

El segundo momento se ubica principalmente tras la consumación de la lucha armada, sobre todo en los años 20 y 30 del siglo pasado, y la tercera después de los años 60 y hasta la actualidad, pues por las dimensiones del movimiento popular sigue siendo un referente en mucha literatura contemporánea.

No obstante, a las obras del último tipo no se les considera explícitamente pertenecientes a esta literatura, por lo que varios estudiosos la han acotado temáticamente hasta Carlos Fuentes y su novela La muerte de Artemio Cruz (1962) y Jorge Ibargüengoitia con Los relámpagos de agosto (1964).

Desde sus inicios, la novela de la Revolución ya habla de traiciones, de intereses personales y de acciones que anteceden a lo que finalmente acabaría siendo el resultado de la lucha armada.

Al respecto, cabe mencionar que si bien la literatura y muchas de las demás artes que se ocuparon del tema, como el cine o la pintura, principalmente, lo presentan como un logro de la lucha popular, es decir un avance en favor de la democracia y la igualdad en México, para otros estudiosos este estadio de la historia nacional fue trunco, inconcluso y hasta traicionado, sustituyendo a una clase dominante caduca por otra “progresista”, más adecuada a los nuevos tiempos y que responde a los intereses nacionales por sobre los personales o de grupo.

Alejandro Romero

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