Los diferentes caminos hacia la poesía

A través de Internet, el poeta Eduardo Casar (1952) ofreció una conferencia titulada “Vivir la poesía”. La definió como un juego con el lenguaje cuyo ingrediente principal es el descubrimiento.

“Es una forma de conocerse a sí mismo a través del lenguaje”. Resaltó que, quien la escribe, genera un momento de concentración en algo que sólo el autor puede ver, mientras que cada lector es capaz de mirar algo distinto.

Puso en el lector una parte importante de la experiencia estética; depende de qué tanto haya leído para poder sentir el texto como poético o no. “No es que la persona esté mal; simplemente su horizonte y su configuración de lector llega hasta un determinado punto”. Enfatizó que los poemas no están para ser leídos una sola vez… es necesario releerlos para poderlos apreciar a plenitud.

Mencionó que la poesía descansa en dos pilares fundamentales: la imagen y el sonido. La sonoridad es el factor que impacta y mueve a los lectores. “Toca otras capacidades nuestras que no son únicamente intelectuales, sino que también son sensibles, sentimentales y emotivas”.

Añadió que es por medio de la práctica como se puede aprender a dominar los acentos de las palabras, y sus distancias en las oraciones, para así generar un ritmo. Recitó la primera estrofa de «Marcha triunfal», de Rubén Darío, a manera de ejemplo. Aunque explicó que es un fenómeno que se da en los poemas escritos en español, aclaró que es una característica presente en toda la poesía.

Recomendó el libro Lección de poesía (2019), de Jaime Labastida, como una buena manera de aproximarse a ese tipo de textos. Opinó que la época de confinamiento es ideal para acercarse a la poesía, pues necesita dos elementos: atención y tiempo; aseguró que actualmente lo que sobra es tiempo, no así la atención. Sugirió aprenderse un poema de memoria para entender la función de cada palabra. “Nos da una sensación de que eso fue necesario, que esa palabra tuvo que ser necesariamente esa”.

Analizó el “Soneto de la dulce queja”, de Federico García Lorca, para demostrar el juego de significados del lenguaje figurado. Remarcó que, a pesar de no saber a quién se lo escribió, cada lector puede pensar en uno mismo. “Este poema me gusta porque habla de mí, de quienes lo podemos leer y lo podemos experimentar”. Aseguró que los poemas no dan argumentos, sino elementos para justificar la curiosidad de cada persona y seguirla alimentando.

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