Luis G. Basurto, un soldado del teatro

Hoy, 11 de marzo, se cumple el centenario natal del dramaturgo y director teatral Luis G. Basurto, de quien también en este 2020 se conmemora, el próximo 9 de julio, el trigésimo aniversario de su muerte.

No sólo eso. En este año se cumple, asimismo, los 80 años de su debut como director de teatro. Por eso, el mayor crítico de este género artístico recuerda al celebrado autor, nacido en la Ciudad de México, de Cada quien su vida.

Como tantos comediógrafos del siglo XX mexicano, Luis Gonzaga Basurto sólo es una ficha de diccionario para los nacidos en aquella centuria y una entrada de Wikipedia para los internautas del presente.

Sin embargo, él fue uno de los hombres más entregados al teatro de su lugar y de su tiempo. El autor, actor, director, promotor y empresario teatral vino al mundo en el (entonces) Distrito Federal en 1920 y a los seis años de edad ya era asiduo espectador del teatro que se daba en la capital del país, que en 1926 vivía el fin de la lucha armada y el principio  del caudillismo, con Álvaro Obregón en la presidencia de la República.

Hijo de un renombrado abogado de la época, el niño precoz se convirtió en un inquieto adolecente que estudió leyes para complacer a su madre más que a su padre, y filosofía y letras para seguir su anhelo interior que era ser un artista de la escena.

Gracias a la buena posición económica de su progenitor se fue a Hollywood a estudiar guión cinematográfico y a su regreso a México, en los años cuarenta, inicio sus malas compañías: artistas en lo general y gente de teatro en lo particular. Aquel mundo que soñó de niño lo arropó por completo para convertirlo en un soldado del teatro, como ya en su madurez se bautizó él mismo.

El epíteto es correcto porque aquel joven wildeano, esteta de sí mismo, practicó la aristocracia artística que consiste en tratar como iguales  al tramoyista del teatro y al primer actor. Por lo mismo, hizo de cómico y de taquillero, de autor y apuntador, de director de escena y pintor de telones; fue un empresario a favor del teatro, no de la taquilla.

Aunque tuvo éxitos Guines: Cada quien su vida se estrenó en 1955, cumplió en vida del autor las 1,000 representaciones y en 2015 seguía llenando el teatro. Algo semejante pasó con Miércoles de ceniza, El candidato de Dios y Con la frente en el polvo, que duró dos años en cartelera.

Por estas obras lo tildaron de autor católico, cuando siendo, sí, un hombre de fe también era un  pensador socrático que ponía en cuestionamiento todas sus certezas.

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