Masacre de Los LeBarón, conflicto que cruza fronteras

Por Karina A. Rocha Priego

No cabe duda que la voracidad de unos, perjudica a muchos, tal como sucedió con la familia LeBarón. Una familia que forma parte de una comunidad mormona que radica en la región norte del estado de Chihuahua, México, conocida por la producción agrícola.

Esta comunidad fue acogida por México a finales del siglo XIX, luego de huir a una persecución en Estados Unidos, principalmente por sus tradiciones y la poligamia; desgraciadamente, la región donde se asentaron los LeBarón, es reconocido por ser una zona de violencia y narcotráfico, lo que obligó a que Benjamín LeBarón se convirtiera en activista y crear la organización SOS Chihuahua, para denunciar a esos grupos criminales.

Ello, tuvo consecuencias, por la falta de atención y protección para este activista, la familia de su hermano, Julián, fue asesinada el pasado lunes, siendo un crimen atroz, uno más de esta familia. Benjamín y su cuñado fueron asesinados por un comando armado en julio el 2009, luego de encabezar manifestaciones por el secuestro de su hermano de 17 años.

De ese secuestro se sabe que esta familia no pagó el rescate, aun así, el joven LeBarón finalmente fue dejado en libertad.

Lamentablemente, la violencia, voracidad, abuso, regresó más salvaje a esa comunidad mormona el pasado lunes cuando, una mujer y cuatro niños, si, ¡cuatro niños!,  murieron calcinados dentro de un automóvil, luego de que un comando armado abriera fuego mientras circulaban por el Rancho La Mora en los límites de Chihuahua y Sonora; todas las víctimas son miembros de la familia LeBarón.

De lo anterior, Julián LeBarón dio a conocer que entre las víctimas estaba Rhonita María LeBarón y sus cuatro hijos, dos gemelos de seis meses y dos niños de 8 y 10 años, además de otras dos mujeres; también destacó que varios niños lograron escapar del ataque que, en un principio estaban desaparecidos, por lo que pidieron a los gobiernos de Chihuahua y Sonora apoyo para buscarlos con helicóptero.

Afortunadamente, a las pocas horas fueron encontrados con vida 6 niños que habían reportado como “desaparecidos o secuestrados” por los asesinos de la familia LeBarón, recordando que fueron asesinadas tres mujeres y seis menores de edad. De los encontrados, tres estaban heridos de bala.

Este crimen, sin lugar a dudas, es más que ¡grave! Recordemos que la familia LeBarón está compuesta por norteamericanos, por lo que se recrudecerán las relaciones México-Estados Unidos,  sobre todo cuando se presume que el ataque fue perpetrado por una célula de narcotraficantes que opera en la región y es la que, precisamente, el activista Julián LeBarón denunciaba y exigía presencia de autoridades para proteger la zona; éste terminó asesinado.

Resulta, además, altamente preocupante que se presuma que el crimen perpetrado contra esta familia, donde mueren tres adultos y tres niños, donde seis infantes más resultan heridos y dos ilesos, hayan sido “confundidos” por una célula del cártel del Pacífico que opera en la sierra en los límites entre Chihuahua y Sonora y que se enfrenta a otros grupos criminales por el control del territorio.

¿De verdad es tan fácil confundir a un grupo de 11 niños y tres mujeres con un grupo criminal? ¿Es en serio? La realidad es que el “activismo” de Julián LeBarón y que continuaran los demás hombres de la familia, fue lo que provocó este artero crimen, dejando una vez más en claro de que, hablar, ya es peligroso en este país.

Si, querido lector, no cabe duda que ¡en México está prohibido hablar con la verdad!, está prohibido luchar por un México mejor y está prohibido salir adelante y lograr un patrimonio decente para la familia.

Una vez más queda claro que tanto periodistas como activistas viven en riesgo constante en este país. Nada ha cambiado. La administración de Enrique Peña Nieto se caracterizó por ser un gobierno de represión contra los “voceros del pueblo”. Desde “espionaje” hasta represión, terrorismo fiscal y asesinato.

El sexenio peñista ha sido calificado como el más violento para la prensa, donde hubo más de 2000 mil agresiones y más de 41 asesinatos. Durante ese gobierno, se batió el récord de ataques contra la prensa y medios de comunicación con mil 986 eventos registrados entre diciembre de 2012 y el 5 de febrero de 2018.

Desgraciadamente, esa situación no ha cambiado. Hoy, los medios de comunicación y los periodistas somos víctimas de insultos, de burlas, de la indiferencia y de un marcado favoritismo hacia aquellos que “a todo dicen que sí y agachan la cabeza”. A los demás, ¡no nos permiten hablar!

Y la prohibición es “traicionera”, pues no es cara a cara, no es de frente, es con la clara amenaza de una “desaparición forzada”, un “atentado mortal” o una guerra fiscal hasta hundir a aquellos que no estén de acuerdo con algún tema actual, de tantos que se viven en este país.

Es más, ha sido dada la pauta para hablar el crimen perpetrado contra la familia LeBarón, haciendo “creer” que éste fue por una “confusión” y no por un atentado directo contra quienes denunciaban esa ola de crímenes y crecimiento del narcotráfico en la región de Chihuahua donde habitaba esta familia de norteamericanos.

Hoy, al menos 790 periodistas y activistas se encuentran bajo amenaza de muerte en México por llevar a cabo su trabajo y, hablamos de una cifra, porque son los que están adscritas al mecanismo de protección para activistas y comunicadores implementado por el Gobierno federal y, a pesar de ello, a la fecha han sido asesinados seis periodistas y nueve defensores de derechos humanos, según cifras oficiales. La estadística sigue creciendo. El domingo ocurrió el homicidio del reportero deportivo Omar Iván Camacho en el Estado de Sinaloa, un caso que está bajo investigación por la fiscalía local.

Por lo pronto, se dice que entre los obstáculos que enfrentan los activistas que buscan a familiares desaparecidos o que luchan por un México mejor está la falta de voluntad de ciertos servidores públicos para ayudar a encontrarlos.

Del brazo de activistas, los periodistas también son blanco de ataque de estos grupos que denuncian corrupción, e impunidad; bien recuerda, la que ésta escribe, el abuso fraguado entre Gerardo Ruíz Esparza, Luis Enrique Miranda Nava, Luis Videgaray Caso, con “la venia” de Enrique peña Neto contra el editor de este medio de Comunicación, Naim Libien Kaui, armando una denuncia fiscal con documentos que son considerados apócrifos.

Un caso que fue “avalado” por un juez que se presume “de consigna” o amenazado por “los hombres del poder del presidente” contra quienes denunciamos lo que hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador viene dando a conocer desde el inicio de su administración.

Marcan a los medios de comunicación, a los reporteros, a los propios empleados de las empresas periodísticas, tan solo por “ostentar el poder” y ser denunciados ¡por corrupción, impunidad, y violación a los derechos humanos! La gente del poder, es muy buena para crear de gente decente delincuentes, y de delincuentes cómplices… Continuará

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