Mujeres ¡cuidense y cuiden a sus hijas!, México no es más un país seguro

Por Karina A. Rocha Priego

¡Cuiden a sus hijas!, no importa la edad, ¡cuídenlas!, nada de lo que se haya prometido en torno a la seguridad de las mujeres en este país se ha hecho. Los feminicidios crecen y, lo que es peor, estos “infames asesinos”, ahora van contra menores de edad, sin remordimientos y, peor aún, sin que nadie los reconozca o hagan algo en su contra. El contubernio con autoridades, permite que delincuentes de ésta índole sigan libres. Denuncias van denuncias vienen y nadie hace nada. Los casos se alargan y si los padres de las mejores secuestradas, violadas, asesinadas, ¡no pagan a los Ministerios Públicos o agentes ministeriales!, no pasa nada.

Sí querido lector, ¡no pasa nada! Es increíblemente lamentable que estemos dando noticias sobre niñas menores de edad, desde bebés hasta 17 años –que se consideran menores de edad- y en adelante, ni se diga, las mayorcitas tampoco están exentas de convertirse en víctimas, ya sea de ajenos o de sus propios familiares, pero las denuncias, siguen escasas, ya que las autoridades responsables de resolver estos crímenes, siguen haciendo de las suyas, piden dinero a los deudos o familiares de las victimas para “hacer las investigaciones pertinentes”, siempre asegurando que la dependencia para la que trabajan ¡ya no les da ni para viáticos! y entonces, los casos se alargan hasta “dormir el sueño de los justos”.

Un caso que ha sonado mucho ha sido el de Fátima, pequeñita que despareció el 11 de febrero en Tláhuac, curiosamente, la pequeña desapareció de la escuela primaria Enrique Rebsamen, en donde una mujer se la llevó, pues según indicaron fuentes oficiales, la madre de la niña llegó tarde. Dicho sea de paso, ese nombre ¡es de mala suerte en México!

Si bien es cierto que el rapto de la pequeña fue grabado por cámaras de la zona, de nada sirvió pues la niña, cinco días después (16 de febrero del 2020), fue encontrada sin vida en calles de la colonia Los Reyes, en la alcaldía Tláhuac de la Ciudad de México.

Y como siempre “después de niño ahogado” la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México activó el protocolo de feminicidio. Personal de la Coordinación General de Servicios Periciales en materia de criminalística, fotografía y química acudió al lugar para realizar las diligencias, en colaboración con agentes de la Policía de Investigación, ¿y?, la niña sufrió las peores bajezas y la pregunta es ¿por qué una niña?

Esa pregunta solo los asesinos pueden responder, asesinos que ¡siguen libres!, asesinos que merecen ser linchados y quemados vivos –y lo digo en serio aunque no me lo permiten-, esta gente no debe seguir ocupando un espacio en la faz de la tierra. ¿Nadie se ha puesto a pensar por lo que está pasando la familia de la pequeña, la madre? Claro que NO, desgraciadamente la pequeña es “una víctima más” que engrosará los índices de feminicidios cometidos en este país y que continúan impunes.

Por lo menos las autoridades tienen grabada la imagen del secuestro. Se sabe que una mujer se llevó a la pequeña, luego de que la madre del menor tardó en recogerla de la escuela, pero cuando llegó, se llevó la sorpresa de que la niña ya no estaba y entonces nos volvemos a preguntar ¿y las autoridades escolares, qué, tampoco se dieron cuenta? Es inadmisible la falta de seguridad en los centros escolares ¡públicos! Escuelas llenas de “supuestos maestros” que solo sirven para manifestarse y exigir más sueldo, cuando no son capaces de prestar atención a sus alumnos y alumnas, y esta pequeña desaparecida y asesinada, ¡estaba en su escuela!, cuando todo sucedió. ¿No habrá reprimenda para las autoridades escolares? O se la sacarán como siempre con solo un “usted disculpe”.

Ya se distribuyen las imágenes de la mujer que se llevó a la pequeña. Se tienen imágenes de un vehículo color blanco circular por la avenida Melchor Ocampo, de la alcaldía Xochimilco hasta llegar a la calle Camino Ancho para ingresar a un domicilio en la que se cumplimentó una orden de cateo en el mismo.

Personal de la Coordinación de Servicios periciales recabó los indicios en el domicilio y la FAS recaba las entrevistas de los habitantes del domicilio cateado así como de testigos y hasta el momento cinco personas han declarado ante el Ministerio Público.

Y viene la recompensa. Resulta que luego de los acontecimientos, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, informó que se ofrecerá una recompensa de 2 millones de pesos a quien aporte información que permita dar con el paradero de «toda persona» que haya participado en la sustracción de Fátima.

De las recompensas, podemos decir que son un “arma de doble filo”. Quien aporte información de este secuestro y asesinato, si bien les da, pueden recibir su dinero y hasta ahí, pero se ha sabido de casos que resultan contraproducentes, cuando “los informantes” son vinculados a los delitos por los que se ofreció la recompensa. Todo mal, desgraciadamente todo está mal. La corrupción por supuesto que no ha disminuido ni un ápice, ésta continua en todas las áreas de los tres niveles de gobierno.

Y me vuelvo a preguntar ¿a caso estos criminales son de probeta? ¿no tienen madre, hermanas, hijas, abuelas? ¿en qué cerebro puede caber hacer un daño así a una familia que amaba a sus hijas, madres, sobrinas, primas, tías, abuelas? Y, peor aún, ¡a niñas menores de edad! El más grave de los problemas es que en este tipo de actos atroces ¡también participan mujeres, mujeres que el día de mañana tendrán la misma suerte de aquellas a las que éstas, vendieron o pusieron para que les hicieran tal daño! Pero de no detener esta ola de crímenes, como se dijo iba a suceder, nunca dejaremos de contar niñas, adolescentes, mujeres maduras y ancianas muertas en manos de algún depravado o depravada criminal.

Por lo pronto ¡cuiden a sus hijas, a sus hermanas, a sus madres, a sus abuelas! La concientización empieza por la casa, queridos lectores, desgraciadamente las mujeres en México ¡no estamos seguras! Y, honestamente, no sabemos cuándo podremos volver a circular por las calles de este país, sin el temor de ser víctimas de estos desalmados que dejan sueltos, “por así convenir a intereses de unos cuantos”.

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