¡No! a desaparecer el “juicio de amparo”

Hoy vamos a tocar un tema que se ha convertido en un “dolor de cabeza” para millones de mexicanos, y tiene que ver con la cancelación “arbitraria” de las cuentas bancarias. Los Directivos de segundo nivel, los ejecutivos, echan la culpa a las “autoridades”. Entiéndase por “autoridades” la secretaría de Hacienda la cual, si bien es cierto tiene ya todo automatizado, también lo es que ha sido muy prudente en manejar la información; pero la cobardía del personal bancario, ha llegado a los extremos.

Desgraciadamente el desconocimiento y falta de preparación del personal “bancario” los “obliga” –y no es justificante- a abusar de sus clientes. Como lo comentábamos hace unos días, la banca, es una institución ¡privada!, en la que la gente confía su patrimonio, sin embargo, con las prácticas que llevan a cabo de unos meses a la fecha, nos están demostrando, a los mexicanos, que la “banca” podría dejar de ser privada, como estaba antes de 1990 cuando, durante la administración de Carlos Salinas de Gortari la privatizó –o sea, se la entregó a privados-, entonces, dentro de su Programa de Modernización del Estado. Desde entonces, la banca fue “cómplice de los mexicanos”, quienes a la fecha siguen pagando los altos sueldos de los empleados bancarios; desde el Directivo de más alto nivel hasta el o la persona encargada de la limpieza.

Cómplices, desde el punto de vista “cliente-banco” que se apoyaban uno a otro para impulsar el desarrollo y crecimiento de la Nación. Hoy, esa “confianza” se está perdiendo. A raíz de las reformas hacendarias, es que “la banca”, pretende cuidarse “así misma” olvidándose de sus clientes, marcándolos sin tener atribución alguna, como “delincuentes” en caso de no “parecerles” alguna de las transacciones que llevan a cabo esos clientes.

¡Afortunadamente!, y lo pongo así, de manera exclamativa, ¡existe la ley de amparo!, a través de la cual, cientos de miles de clientes se están defendiendo de las arbitrariedades de la ignorancia bancaria.

Y a eso voy ¡al Juicio de Amparo!, mismo que se plasmó con la colaboración de Mariano Otero en el congreso constituyente, sobre el artículo 25 del Acta constitutiva y de reformas de 1847, con lo que se estableció el juicio de amparo a nivel federal, para después plasmarse en la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1857, este juicio es reglamentado finalmente en la «Ley Orgánica Constitucional sobre el Juicio de Amparo» de 20 de enero de 1869.

60 años más tarde en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, actualmente vigente en el país, a través de la nueva Ley de Amparo, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 2 de abril de 2013 y la cual es reglamentaria de los Artículos 103 y 107 constitucionales.

El Juicio de Amparo, es el principal instrumento de defensa de los derechos que las personas tienen para protegerse de los actos de autoridad. La última reforma a dicha ley se realizó el 1 de abril de 2013, considerada, además, como una protección Constitucional en México.

Hoy, se dice que las pretensiones federales son “reformar” (sic) esa Ley de Amparo, conocida como “la Joya de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos” –así de ese tamaño- con lo que deja en total indefensión a los mexicanos y si a eso le sumamos que se cuenta poco o nada con la Comisión de Derechos Humanos, que de alguna manera hacían mancuerna con el Derecho de Amparo, hoy nos preguntamos, ¿y luego, qué sigue?

Ahora bien, por décadas se ha luchado por despresurizar las cárceles en México. Se ha luchado por que se aplique la Ley limpia y llanamente; curiosamente, esa lucha estaba (aba) yendo de la mano de la CDH, para evitar encarcelamientos ilegales, juicios amañados, gente inocente que, hasta por no hablar el idioma (sic) aún se encuentra tras las rejas por una confusión, un error, una mala integración de un acta, por un nombre equivocado, o simplemente, porque “fue más fácil crear un chivo expiatorio” que encerrar al verdadero delincuente.

Muchos de éstos, se han hecho escuchar a través de la Ley o Juicio de Amparo. Unos ganan, otros pierden, como en todo, pero es una herramienta que permite a los ciudadanos vulnerables, protegerse de los abusos de la autoridad que, dicho sea de paso, en lugar de disminuir, van en aumento.

Y ustedes se preguntarán ¿qué ha tenido que ver en ésta el hablar de los abusos de la Banca con el Juicio o Ley de Amparo? Simple, que a raíz de las arbitrariedades de los bancos en contra de sus clientes, ante las cancelaciones arbitrarias de sus cuentas, muchos se han ¡protegido! con dicha Ley o Juicio, evitando perder su antigüedad en algún centro crediticio, ganando ese tiempo y espacio por el que se lucha. Este, solo es un ejemplo, simple, no tan lesivo como el que detengan a un ciudadano, por el simple hecho, de detenerlo. No se puede actuar de manera “abusiva y arbitraria” contra los mexicanos. Una cosa es la “institucionalidad” y otra muy distinta “el lame botas” político.

Por ello el pensar “desaparecer”, “disfrazar”, “desfigurar” la Ley de Amparo, “Joya de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”, es tanto como pretender retroceder en el tiempo, hasta antes de 1847 cuando apareció por primera vez la palabra “amparo”, que expresaba textualmente: «Corresponde a este tribunal (Suprema Corte de Justicia) reunido: 1º. Amparar en el goce de sus derechos a los que pidan su protección contra las providencias del Gobernador o Ejecutivo reunido, cuando en ellas se hubiese infringido el Código Fundamental o las leyes, limitándose en ambos casos a reparar el agravio en la parte que procediere”……

amanecerweb

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