No estamos condenados a la desigualdad universal: Francisco

El mundo es cada vez más rico y, sin embargo, los pobres también aumentan por falta de voluntad y de decisión para cambiar las cosas, pero la humanidad no está condenada a la inequidad, acusó el papa Francisco este miércoles.

El líder de la iglesia católica llamó a abatir la globalización de la indiferencia en el marco del taller “Nuevas formas de fraternidad solidaria, de inclusión, integración e innovación”, organizado por la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y que contó con la participación de líderes financieros y especialistas económicos del mundo.

Entre los presentes estuvo Martín Guzmán, ministro de Economía de Argentina, país que encara una fuerte deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que el presidente Alberto Fernández ha abordado esta semana con los presidentes de España, Francia y Alemania.

Francisco aseguró que es necesario construir puentes que favorezcan el desarrollo de perspectivas solidarias en los bancos, las finanzas, los gobiernos y la toma de decisiones económicas, informó el Vaticano.

“(La pobreza) ha propiciado que millones de personas sean víctimas de la trata y de las nuevas formas de esclavitud, como el trabajo forzado, la prostitución y el tráfico de órganos. No cuentan con ningún derecho y garantías, ni siquiera pueden disfrutar de la amistad o de la familia”, lamentó.

El papa, de origen argentino, sostuvo que estos problemas tienen soluciones, además de que existen los recursos suficientes para hacerles frente.

“No estamos condenados a la inequidad universal, (la causa es la) falta de voluntad y de decisión para cambiar las cosas y, principalmente, las prioridades. Se nos pide capacidad para dejarnos interpelar y dejar caer las escamas de los ojos, y ver con una nueva luz estas realidades”, requirió el papa ante líderes económicos.

En cambio, un mundo rico con economías vibrantes puede y debe acabar con la pobreza, generar dinámicas que incluyan, alimenten, curen y den vestido a los abandonados de la sociedad, en vez de excluirlos, destacó.

Hay que priorizar mecanismos socioeconómicos humanizantes, en vez de fomentar un sistema que justifica prácticas que lo único que logran es aumentar la injusticia y la violencia social, sostuvo el papa.

“Todos somos responsables, hemos permitido que la brecha se amplíe hasta convertirse en la mayor de la historia”, acusó.

En el mundo financiero actual se idolatra al dinero mientras dominan la codicia y la especulación, lamentó el líder católico, lo que se suma al vértigo tecnológico, que aumenta la velocidad de las transacciones y, por tanto, la posibilidad de producir ganancias sin que estén ligadas a procesos productivos o a la economía real.

Francisco calificó de “estructuras del pecado” a los recortes de impuestos para las personas más ricas, cientos de miles de millones de dólares que deberían pagarse en impuestos para financiar la salud y la educación y que, en cambio, se acumulan en cuentas de paraísos fiscales.

“(No existe) una racionalidad económica que suponga que la persona humana es simplemente una acumuladora de beneficios individuales ajenos a su condición de ser social”, declaró.

Además, el religioso calificó a la guerra como la mayor estructura de pecado porque es dinero y tiempo puestos al servicio de la división y de la muerte, billones de dólares gastados en armamento y violencia cuando podrían emplearse en terminar con la pobreza y el analfabetismo.

Ante ese escenario, el papa llamó a los líderes económicos presentes en el taller a trabajar juntos para acabar con esas injusticias.

Los organismos multilaterales de crédito que asesoran a las naciones, consideró Francisco, tienen la responsabilidad de proporcionar asistencia para el desarrollo a los países pobres y para el alivio de la deuda en países muy endeudados. Además, deben trabajar imperativamente por detener el cambio climático.

Es indispensable, dijo, defender la justicia y el bien común por encima de los intereses de las empresas y multinacionales más poderosas del mundo.

Martín Guzmán, ministro de Economía de Argentina, se dijo orgulloso de participar en el taller encabezado por el papa Francisco.

“Este es un evento histórico que nos da esperanza, nos lleva a repensar la economía global y a trabajar para reducir las desigualdades que siguen aumentando”, declaró el ministro.

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