Nueva poesía reunida de Mario Bojórquez

En algún momento de su vida, Mario Bojórquez supo que había unas divinidades llamadas musas. Luego, supo que éstas eran hijas del poderoso Zeus, dios del cielo y el trueno. Y con el paso del tiempo se dio cuenta de que poco se sabía de Mnemósine, la poderosa deidad de la que nacieron y que es la personificación de la memoria. De Zeus y Mnemósine ha surgido también el nombre de cada una de sus dos antologías poéticas. Una de ellas la acaba de presentar.

Se trata de Memoria de lo vivido: nueva poesía reunida 1999-2009, que aparece bajo el sello del Instituto Sinaloense de Cultura. Antes, en 2012, había circulado la antología El rayo y la memoria. Este último título, explicó Bojórquez durante la presentación de su más reciente colección de poemas en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), surge del hecho de que, para hacer poesía, se necesita del rayo y la memoria. El rayo, como la aparición súbita de la emoción. La memoria, como reflejo de lo vivido.

Por otro lado, explicó, el título de su segunda antología deriva del hecho de que se escribe para “dejar memoria de lo vivido”. Igualmente, “es una invocación a la Diosa Mnemósine para que me ampare con el fin de que los versos que contiene sean leídos, que sean encontrados por sus lectores”. El volumen —que reúne cuatro libros aparecidos en un periodos de diez años: Diván de Mouraria (1999), Pretzels (2005), El deseo postergado (2007) y Y2K (2009)—, es el intento de la poesía por aprehender un instante.

Adalberto García López, jefe del Departamento Editorial del Instituto Sinaloense de Cultura, quien acompañó a Bojórquez durante la presentación de su antología, escribe en el volumen que la poesía de este autor intenta “servir como vehículo de comunicación y comunión entre los hombres”. Y continúa: “La obra de Mario Bojórquez es un motivo de alegría para el lector atento y curioso. Éste es, sin duda, uno de los periodos de escritura más intensos de un poeta en toda nuestra lengua en los últimos treinta años”.

La antología recorre varios momentos intensos para el poeta. El Diván de Mouraria, por ejemplo, contiene las “Casidas”, en donde observa y anota distintos momentos de “pasiones atroces”, como el odio, la angustia, la indolencia, la soberbia, la envidia y la indignación. “Todos tenemos/ una partícula de odio/ y cuando el hierro arde en los flancos marcados/ y se siente el olor de la carne quemada/ hay un grito tan hondo, una máscara en fuego/ que incendia las palabras”, dice en el tercer momento de “Casida del odio”.

Para cerrar, el poeta, ensayista y traductor nacido en Los Mochis, Sinaloa, en 1968 y ganador de los premios Nacional de Poesía Aguascalientes y Nacional de Ensayo Literario José Revueltas y Alhambra de Poesía Americana del Festival Internacional de Poesía de Granada, España, entre otros, expuso que la poesía es ese lenguaje que da la posibilidad de emitir algún sentido, no el significado. “Lo último que queremos los poetas es que el lector de nuestra obra vaya al diccionario.

Porque en la poesía las palabras intentan quedar fuera de su significado normativo. La poesía es productora de sentidos, no de significados. El silencio, por ejemplo, está lleno de significado porque tiene un profundo sentido. Lo sabe todo aquel a quien la persona amada le pregunta: ‘¿Qué tienes?’ Y responde: ‘Nada’. He ahí el sentido: en el silencio, como en la poesía”.

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